Las hermanas Makioka de Junichiro tanizaki


La lluvia, mientras, iba empeorando. ¿Qué voy a hacer? ¿Voy a poder regresar a casa con este tiempo? Espere aquí a que amaine un poco, yo también tengo que salir. Mientras estaban charlando, el hijo de la señora Tamaki, Hiroshi, que tenía nueve años llegó jadeando. ¿Por qué no estaba en la escuela?, le preguntó la señora Tamaki. Les habían dicho al cabo de una hora de estar allí, que podían regresar a casa, porque tendrían dificultades para llegar si subía el nivel del agua.
-¿Quieres decir que es posible que suba el agua?
-¿De qué estás hablando? Estaba subiendo ya detrás de mí, y tuve que recorrer tan deprisa como pude para evitar que me atrapase. Oyeron el agua mientras el chico hablaba y miraron por la ventana para ver que una corriente cenagosa se precipitaba por el jardín y prometía muy pronto invadir el sueño de la casa. La señora Tamaki  y Taeko cerraron a toda prisa la puerta. Después, bajo la veranda del otro lado, oyeron un fragor como el de la marea, y el agua se precipitó por la puerta que el pequeño Hiroshi había dejado abierta.

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